
Guadalupe 26 · Mater tua te prestolatur
La expresión Mater tua te prestolatur («tu Madre te espera…») que hemos latinizado para la ocasión, fue elegida como lema para celebrar el año jubilar guadalupano 2026 y ha sido el primer hálito de inspiración del presente programa. Este trabajo elaborado ad hoc y que podrá ser escuchado por vez primera en la entrega de los premios «Guadalupe Hispanidad» otorgados a don Antonio Ramiro y a don Juan Carlos Moreno, plantea a lo largo de cinco etapas un camino de evolución sonora y estética del rezo monódico cristiano entonado hasta nuestros días.
El primer bloque recuerda con sus cantos la atracción histórica de peregrinos a santos lugares de la cristiandad hispana. Se inicia con el célebre himno de peregrinos Dum pater familias (del C. Calixtino conservado en Santiago de Compostela). Continúa con el Kyrie tropado Rex Virginum amator que, además de trasladarnos a una de las prácticas pretridentinas habituales de la época, el tropo, desplaza también el foco de atención al desarrollo inusitado alcanzado por uno de los centros religiosos femeninos tardomedievales más influyentes de la Edad Media: el monasterio de Santa María la Real de las Huelgas (Burgos). Angelorum gloriae, mostrará finalmente otras rudimentarias polifonías de estos tiempos allende nuestras fronteras.
El segundo bloque conecta la consolidación religiosa y territorial ibérica con la tradición visigótico-mozárabe anterior. Veremos aquí como la estructura del rezo se consolida y aproxima a nuestros modelos actuales. Hemos acudido para ello a un oficio religioso muy especial, el de la «toma de Granada». Fue obra de fray Hernando de Talavera a finales del XV y principios del XVI, y aún pueden hallarse hoy partes del mismo (la musical) en la Iglesia Colegial de Santa Fe (Granada). A través de sus antífonas veremos cómo se alude a los verdaderos protagonistas de la unificación cristiana de la península (Fernando e Isabel), poniendo también de manifiesto diferentes herramientas de cristianización y catequización de la época. Por su parte, el himno Germine nobilis Eulalia es un texto compuesto por Aurelio Prudencio (s. IV/V) que recuerda el martirio de Santa Eulalia de Mérida. Se conservó como himno de Vísperas para la festividad de la mártir en la tradición visigótico-mozárabe toledana y fue plasmado en cantorales por encargo de Cisneros a principios del s. XVI.
Pero resulta imposible concebir un recorrido sonoro del rezo desde el monesterio de las Villuercas tal y como pretendemos sin transitar por la orden religiosa que custodió a Nuestra Señora Santa María de Guadalupe durante 5 siglos, nos referimos a la Orden de San Jerónimo. Para ello hemos acudido a fuentes históricas aún custodiadas en Extremadura. Oiremos así cantos que los propios jerónimos utilizaron en la intimidad de su templo, de su rezo diario, de sus misas. Las tres muestras han sido tomadas de la colección de cantorales conservados en el Real Monasterio de San Jerónimo de Yuste y apelan, precisamente, a la festividad del Doctor Máximo, San Jerónimo. Se escuchará así, una antífona de Vísperas para la festividad del santo, un himno mensural para la misma ocasión; y la particular versión del Kyrie «Summe Deus» conservada en Yuste.
Pese a todo lo explicado, el monasterio de Guadalupe no se entendería hoy tal y como lo conocemos sin la llegada de los Franciscanos al mismo. Su labor, a veces empañada por lo prolongado y prolífico de la anterior, comienza a dibujarse cada vez más con nitidez a través del paso del tiempo. No en vano, los franciscanos acometieron la restauración estructural del monasterio, recuperaron su actividad religiosa y proyectaron sus grandezas en una convulsa sociedad española que en la primera mitad del s. XX llegó incluso a perseguir a los cristianos. Ellos son, al fin, quienes conectaron la realidad anterior con los nuevos tiempos. Y a ellos dedica Schola Cantorum Extrematurensis un bloque que incluye diferentes cantos prescritos para la festividad del santo.
Sin embargo, los franciscanos hicieron en Guadalupe algo más que restaurar el templo, renovaron una fe acaso debilitada desde el s. XIX. Esta nueva devoción y renacer es el que se proyecta en multitud de trabajos como los de Carlos G. Villacampa en Grandezas de Guadalupe, así como en cantos populares recogidos en la provincia de Extremadura por folcloristas como G. Matos, A. Capdevielle o B. Gil (y más recientemente Felipe Sánchez) a lo largo del s. XX. A esta realidad hemos reservado la última parte del programa. Consta de dos cantos que devuelven el rezo del erudito facistol a la ruralidad de la tradición oral. El primero de ellos lo constituyen unas coplillas recogidas por Bonifacio Gil y que se cantaban en de Casas de Don Pedro (Badajoz) durante el tradicional rezo del Rosario de la Aurora. El segundo, bien podría erigirse como el resumen de este programa. Una oración en ladino transmitida por generaciones, tierras y naciones que llega a nuestros días y que sintetiza, de alguna manera, ese lema con el que arrancamos y que conecta a su vez con el franciscano «Paz y Bien» en la siguiente forma:
«Este es el pan de la aflicción que comieron nuestros padres en tierras de Egipto / Todo el que tiene hambre, venga y coma. / Y todo el que tenga menester, venga y pascue / Este año aquí, [y el año venidero] en tierras de Ysrael».
Guadalupe, 2026.
Alonso Gómez Gallego